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Iglesia San Rafael Arcangel

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Museo del Santuario del Tepeyac

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Todo un pueblo lloró su muerte

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Los Murales de la Iglesia de San Rafael

Obras del Pintor Austriaco JUAN FUCHS HOLL...

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Estimados Fieles: ¡Alabado sea Dios!
 
La Palabra de este domingo contiene la llamada solemne a entrar en la nueva alianza de vida con Dios. Esa alianza será posible por la acción de Dios mismo (primera lectura) pero cuenta con la libre respuesta humana (segunda lectura). A su vez la respuesta humana  se traduce en entrega, en una cierta "transformación dolorosa" en la que el discípulo imita a su Maestro, que se ofrece al Padre por la vida abundante del mundo (evangelio). En esta alianza nueva, importan ya no víctimas materiales como en los días de los antiguos Hebreos, sino la víctima única, Cristo, a la que se puede estar unido solamente a través de un renacer a actitudes como la suya: obediencia y donación de sí mismo. 
Celebrando el XXV Aniversario del retorno al Padre del Siervo de Dios Odorico,  cabe destacar que su vida ha sido una entrega generosa y alegre al Señor y a los hermanos, sobre todo a los más humildes y débiles, como los pobres, ancianos, enfermos y niños. Jesús hoy nos dice: "Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo, pero si muera, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo en este mundo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo  en este mundo, se guardará para la vida eterna". Estas palabras de Jesús son como la síntesis de la vida del Padre Odorico.  Todavía niño cuidó de su madre enferma, y después de su muerte, cuidó de sus hermanitos. Una vez sacerdote, hizo de la caridad su mayor preocupación. Siempre disponible a las necesidades de sus fieles, corría a cualquier hora del día a socorrerlos, sobre todo a los que estaban enfermo o en agonía.  Si quitaba el bocado para darlo a los hambrientos, se privaba de sus vestidos para amparar a los indigentes. Si invitado a comer, no había comida para todos, prefería no comer. En tiempo de hambruna y de guerra, buscaba por todo lado alimentos para su gente. Daba de todo lo que tenía y la Divina Providencia lo socorría grandemente. Vivió pobremente, aunque manejó mucho dinero para realizar grandes obras; si venía ridiculizado por su sencillez y humildad respondía con una sonrisa. Su sencillez era tan grande, que reverenciaba a todos, sobre todo a los obispos y a los sacerdotes, poniéndose de rodillas frente a ellos. El fue el grano de trigo caído en esta tierra de San Rafael, dejando tras de sí una difusa fama de santidad, por eso se guardará para la vida eterna. El Padre Odorico no ha muerto, él vive entre nosotros y desde el cielo sigue intercediendo, sigue siendo el grano de trigo que se entrega a  sus hermanos para alcanzarles los favores de Dios.  Hoy celebramos su retorno al Padre,  y nos gozamos de ello, porque ahora puede socorrernos mucho más que cuando estaba en vida. ¡Alabado sea Dios, Padre Odorico! Todos te queremos y pedimos al buen Dios que pronto la Iglesia te reconozca beato y santo.
 
Fray Damiàn C. Muratori, Vice Postulador de la Causa de Canonizaciòn