Estimados fieles: ¡Alabado sea Dios!

Ya estamos a un paso de la celebración del XXV Aniversario del retorno al Padre del Siervo de Dios Odorico D'Andrea y todos los sanrafaelinos debemos colaborar para que nuestra ciudad acoja con cariño a todos los peregrinos que llegarán para compartir con nosotros el don del Padre Odorico. Invitamos a que colaboren con los Comités de Zona para la limpieza y adorno de las calles y para atender a los peregrinos, orientándolos sobre el lugar de la celebración del 22.
La Palabra de Dios de este cuarto domingo de cuaresma nos muestra, en perfecta convergencia, que la historia del pecado e infidelidad del hombre a Dios es paralela a la historia del perdón y amor de Dios al hombre (1a lectura), manifestados en su Hijo Jesús (2a lectura), que el Padre entregó al mundo para la salvación del cuantos creen en èl (evangelio). El evangelio de hoy proclama: "Poque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por ´´el ".
Palabras éstas que deben llenar de conmoción y de esperanza. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y se salve. Es la gran verdad que debemos testimoniar a toda persona, sobre todo a los que andan lejos de Dios. De ahí que la Iglesia no debería aparecer a los ojos humano una institución de mal agüero, sino como una reserva de esperanza y de optimismo. Para ello es necesario que sea transparente e deje pasar la luz de Dios a través de su propia pobreza y sencillez.
El Siervo de Dios Odorico fue un siervo de Dios humilde y sencillo, consciente de sus límites humanos, por eso se esforzó en ser un testigo de la misericordia y paciencia de Dios. Dedicaba largas horas a escuchar las confesiones, ofreciendo a todos el perdón de Dios.